
RESILIENCIA, EDUCACIÓN Y DESARROLLO
Ingrid Enoch V.
Psicóloga infanto-juvenil
Terapeuta Familiar
El concepto de resiliencia nace de la constatación de que algunas personas resisten mejor que otras los avatares de la vida, la adversidad y la enfermedad.
Durante mucho tiempo se atribuyó esta característica poco común a una “constitución” especial.
A través de las investigaciones se ha demostrado que estas características son el resultado de las interacciones entre el individuo y sus semejantes, sus condiciones de vida y, por último, su ambiente vital.
Existen distintas definiciones…
“La resiliencia es la capacidad de una persona o de un grupo para desarrollarse bien, para seguir proyectándose en el futuro a pesar de los acontecimientos desestabilizadores, de condiciones de vida difíciles y de traumas a veces graves.”
(Manciaux, Vanistendael. Lecomte y Cyrulnik, 2003)
Diferentes investigaciones han permitido establecer una lista de factores relacionales que facilitan la emergencia y el desarrollo de la resiliencia.
Algunos factores que distinguen a los niños que superan la adversidad de aquellos que se agobian por los factores de riesgo son:
1.-Un acercamiento activo, evocador hacia el problema a resolver, permitiéndoles negociar una serie de experiencias emocionalmente arriesgadas
2.-Una habilidad en la infancia para ganar la atención positiva de los otros
3.-Una visión optimista de sus experiencias
4.-Una habilidad de mantener una visión positiva de una vida significativa
5.-Una habilidad de estar alerta y autónomo
6.-Una tendencia a buscar nuevas experiencias
7.-Una perspectiva proactiva
En la personalidad de estos niñ@s sobresalen características como la autoestima, la confianza, el optimismo y un sentido de esperanza; también la autonomía o un sentido de independencia, así como sociabilidad, capacidad de experimentar emoción, habilidades de imitación y competencia.
Además de los factores protectores de temperamento, de la familia y el apoyo medioambiental, las investigaciones han demostrado en qué medida el autoconcepto (su mundo interior, la transformación de debilidades en fortalezas, la supervivencia en ambientes de pobreza y el mejoramiento de las condiciones de vida) juega un papel de resiliencia.
Esta capacidad de resistir a los embates de la vida es el resultado de experiencias de apego seguro y de apoyo social mantenido y de calidad, por lo menos con un adulto significativo para el niño.
Este adulto, hombre o mujer, ha sido capaz de transmitir a los niños que ellos son personas valiosas e importantes.
“Tutores de desarrollo”: concepto acuñado por Boris Cyrulnik, que se refiere a esas personas que creen de verdad en el niño, lo aceptan y en algún periodo tienen un papel clave en el acompañamiento de su desarrollo.
“Tejer la vida”: expresión con la que Cyrulnik alude al desarrollo de estrategias de resiliencia y que evoca la reconstitución del tejido social.
Los profesionales de la infancia como promotores de buenos tratos y de resiliencia
M. Dantagnan y J. Barudy consideran como “terapeuta”, en un sentido amplio, a cualquier profesional de la salud, la educación o la justicia comprometido en mejorar las condiciones de vida de sus semejantes.
El buen trato debe ser el pilar en cualquier actuación terapéutica, y el apoyo de la resiliencia, su objetivo fundamental.
Para lograrlo, es necesario poseer o haber desarrollado distintas capacidades:
1. Capacidad de vincularse como personas
2. Capacidad de facilitar conversaciones
3. Capacidad de trabajar en red para proporcionar apoyo a todos los implicados.
4. Capacidad de elegir el espacio relacional adecuado para intervenir (flia. Como sist., miembros de la familia)
La relación debe contar siempre con los siguientes ingredientes:
AMOR - ESTRUCTURA – SENSIBILIDAD – EMPATÍA – APOYO
“La resiliencia humana no se limita a una actitud de resistencia, permite la construcción, incluso la reconstrucción.”
1 comentario:
Que decir, está bueno lo que publicaste, te felicito
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